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Riesgo Cibernético Marítimo

 

Jeannette PÉREZ FERNÁNDEZ
Abogado
Especialista en Derecho Marítimo y Derecho Tributario
Prof. Universidad Marítima del Caribe
VENEZUELA

La actividad que envuelve el transporte marítimo y que se realiza a través de los puertos y buques es más vulnerable por ser cada día más tecnológica y digital, lo cual ha traído como consecuencia que surjan otro tipo de riesgos y amenazas, en función de los nuevos escenarios tecnológicos, afectando la seguridad y colocando en peligro tanto la navegación, como las personas y mercancías y, dependiendo de la magnitud, esos riesgos pueden alterar la seguridad del transporte, en especial, durante la travesía marítima, comprometiendo el traslado de las mercancías, entre los puertos que constituyen eslabones de la cadena logística.

El riesgo cibernético constituye una preocupación para la industria marítima teniendo en cuenta el avance de las nuevas tecnologías y la automatización en los sistemas que conforman las operaciones de buques y terminales portuarios, razón por la cual la Organización Marítima Internacional (OMI), a través del Comité de Seguridad Marítima ha emanado directrices dirigidas a la gestión de los riesgos cibernéticos ante las posibles amenazas y vulnerabilidades a las cuales se encuentra expuesta la navegación y por ende la seguridad del transporte marítimo.

Para esa organización especializada, el objetivo general es contribuir a la seguridad y a la protección del transporte marítimo, operacionalmente resiliente ante los riesgos cibernéticos , por lo que exhorta a la industria marítima en general a salvaguardar el traslado por vía marítima ante las amenazas y vulnerabilidades cibernéticas actuales y emergentes, tal como lo estableció el Comité de Seguridad Marítima en la Resolución MSC.428 (98), aprobada en abril 2017, y la cual denominó Directrices sobre la Gestión de los Riesgos Cibernéticos Marítimos, conjuntamente con la Resolución MSC-FAL.1.Cir.3, aprobada por el Comité de Facilitación y adoptada en junio de ese mismo año.

Esas regulaciones de la OMI introducen el concepto de riesgo cibernético marítimo como: “…toda amenaza de un activo tecnológico por una circunstancia o sucesos posibles, que podrían causar fallos operacionales, de seguridad o protección del transporte marítimo al corromperse, perderse o ponerse en peligro información o sistemas” .

Estos eventos pueden afectar severamente el desempeño de una empresa, de modo que, la resiliencia, entendida como la capacidad para resistir las interrupciones y recuperar las operaciones, se encuentra presente en el sector de transporte marítimo, el cual se ha visto expuesto a los ataques cibernéticos hasta llegar a influir en la operatividad y, dependiendo del alcance y penetración de los mismos estos pueden tener consecuencias catastróficas.

Los negocios están cada vez más conectados en forma digital y las compañías enfrentan el riesgo cibernético y la brecha actual entre percepción y realidad. De allí que la respuesta de la OMI a través del Comité de Seguridad Marítima es la aprobación de las Directrices sobre la Gestión de los Riesgos Cibernéticos Marítimos, las cuales conjuntamente con las diseñadas por el Consejo Marítimo Internacional y del Báltico (BIMCO), conforman los instrumentos que sirven de guía para protegerse frente al ciberataque que realizan los hackers.

Esas directrices establecen acciones a seguir ante posibles riesgos cibernéticos o eventos que pueden amenazar con interrumpir la gestión y operación de los buques, resguardar las operaciones e implementar procedimientos específicos para la gestión de los riesgos. Esto puede incluir configuración de redes, control de acceso a redes y sistemas, medidas de protección y detección del software, contribuyendo con la resiliencia contra los ciberincidentes.

Los buques para realizar sus operaciones de manera eficaz requieren utilizar las denominadas tecnologías cibernéticas que según las Resoluciones de la OMI, obedece principalmente a la dependencia de la digitalización, la integración y automatización de los procedimientos y sistemas que operan en el transporte marítimo, es por esto que la gestión de los riesgos es fundamental para la seguridad y la protección de las operaciones del transporte marítimo.

El Código Internacional de Gestión de la Seguridad (Código IGS) y sus directrices para su implantación, publicado por la OMI en el año 2018, establece que la gestión de los riesgos cibernéticos son: “…el proceso de identificación, análisis, evaluación y comunicación de riesgos de índole cibernética y de aceptación, evitación, transferencia o mitigación de esos riesgos hasta un nivel aceptable, teniendo en cuenta los costos y las ventajas para los interesados de las actuaciones emprendidas”.

Por otra parte, el Código IGS hace referencia entre sus objetivos que el sistema de gestión de seguridad aprobado en algún tipo de buque, requiere tomar en cuenta la gestión de los riesgos cibernéticos, teniendo presente las prescripciones funcionales establecidas en las referidas Resoluciones.

En ese sentido, las Directrices sobre la Gestión de Riesgos Cibernéticos Marítimos fueron concebidas para fomentar las prácticas de gestión de la seguridad y la protección en el ámbito cibernético, en forma generalizada, dependiendo en todo caso, si los buques tienen sistemas de gestión simples o más complejos, es decir que de acuerdo con la complejidad pueden ser realizadas otras funciones, que permitan de cualquier forma proteger la seguridad operacional de los buques.

Los buques están más interconectados por consiguiente, ese interés por alcanzar la digitalización, corresponde con la automatización de los sistemas en las diferentes actividades que convergen para llevar a cabo el transporte marítimo y, que a todo evento influyen en la rapidez de los procesos para lograr una mayor satisfacción al cliente.

La industria marítima en los últimos años ha tenido que adaptarse a los cambios tecnológicos que ofrecen las tecnologías de la información, al estar presentes en las diferentes operaciones que realiza el transporte marítimo, constituyendo todo un desafío el asegurar y proteger la conexión de los datos para intercambiar de manera fluida y al mismo tiempo ofrecer garantías en materia de Ciberseguridad.

Paralelamente y desde el año 2017, ya la UNCTAD, en su informe sobre el Transporte Marítimo señalaba muy especialmente que las nuevas tecnologías transformarían el sector del transporte marítimo, mejorando la eficiencia económica, optimizando los sistemas, las operaciones de gestión logística y aumentando la conectividad, incluida la conectividad digital, planteando además que esas tecnologías proporcionan nuevos problemas como son, los riesgos de Ciberseguridad y la menor protección de la privacidad de los datos financieros.

De igual forma, los puertos están implementando la digitalización y la automatización en sus operaciones, demostrado que al estar automatizados son más eficientes, evitando riesgos innecesarios que suelen ocurrir por errores manuales, teniendo en cuenta que los errores humanos siguen siendo la principal causa de accidentes marítimos y, aunque esa automatización inquieta al mismo tiempo los empleos que ha futuro podrían ocupar la gente de mar, la automatización y estandarización sigue avanzando.

Esa digitalización y los retos cibernéticos a los que se enfrentan el transporte marítimo, modifica a escala global el papel que cumple la logística y los puertos, en virtud que será necesario prepararse para incorporar y aprovechar eficazmente las innovaciones y las tecnologías basadas en la digitalización, teniendo en cuenta las precauciones para preservar la confidencialidad, además de lograr una buena gestión de los riesgos cibernéticos marítimos en los sistemas de gestión de la seguridad, constituyendo una forma de afrontar esas adversidades.

Es necesario entonces que las mejores prácticas, las orientaciones y las regulaciones que hasta ahora están vigentes, tengan en cuenta para la gestión eficaz del riesgo las recomendaciones establecidas por la OMI, con el fin de lograr la identificación, protección, detección, respuesta y recuperación, ante posibles ataques, considerando que la Ciberseguridad se ha convertido en una gran amenaza a escala global y de cualquier forma en un enemigo sin rostro.

 

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