- Publicidad -spot_img
PUBLICIDAD

También te puede interesar

RAQUEL IBARES: “El control del tráfico marítimo se ha convertido en una palanca directa sobre la economía global”

En esta entrevista con Raquel Ibares, Directora General del Clúster Marítimo Español, analizamos cómo la mar ha vuelto al centro de la geopolítica global, el papel estratégico de los principales corredores marítimos y los retos que afronta el comercio internacional en un escenario cada vez más incierto.

1. En el contexto actual, ¿por qué se afirma que la geopolítica global se está jugando, en gran medida, en la mar?

No es solo en la época actual, el mar ha sido protagonista de nuestra geopolítica desde hace miles de años. Es el pilar sobre el que sostiene la economía global y, si ahora está acaparando más titulares es porque su condición de infraestructura silenciosa, algo que funcionaba sin necesidad de prestarle demasiada atención, ha sido alterada.

En apenas unos meses, gran parte de la población ha descubierto que el 80% del comercio mundial se mueve por vía marítima. O que buena parte del suministro energético depende de unos pocos corredores muy concretos. Y, sobre todo, que cuando esos corredores se tensionan, el impacto es inmediato y global.

Lo que estamos viendo en los últimos años —mar Negro, mar Rojo, Golfo Pérsico— responde a una misma lógica: quien tiene capacidad de influir sobre el tráfico marítimo tiene una palanca directa sobre la economía. Por eso el mar ha pasado al centro de la geopolítica.


2. ¿Qué relevancia estratégica tienen hoy corredores como el Estrecho de Ormuz y el Estrecho de Malaca para la economía y el comercio internacional?

Son puntos absolutamente críticos. El estrecho de Ormuz es clave para el suministro energético mundial. Por ahí pasa aproximadamente el 20% del petróleo que se consume en el mundo. Es una cifra que habla por sí sola.

El estrecho de Malaca tiene otra función igual de relevante. Es la gran conexión entre Asia y el resto del mundo. Por él circula una parte muy importante del comercio global, especialmente productos manufacturados.

Pero lo importante no es solo el volumen, es la falta de alternativas. Si uno de estos pasos se complica, las rutas se alargan, los costes suben y el sistema pierde eficiencia. Es un efecto casi automático.


3. ¿Hasta qué punto economías como la española dependen de la estabilidad y seguridad de estas rutas marítimas?

En el caso de España, la dependencia del transporte marítimo es muy alta en términos comerciales: cerca del 77% de lo que importamos llega por barco, y más de la mitad de lo que exportamos sale por esa misma vía.

Ahora bien, conviene matizar en el caso de la energía. España importa alrededor del 68% de lo que consume, pero lo hace a través de rutas y proveedores muy diversificados. No dependemos de un único corredor. Nuestro suministro energético llega por múltiples vías y desde distintos orígenes, lo que nos da una resiliencia real.

Corredores como el estrecho de Ormuz o el de Malaca tienen un impacto más indirecto sobre España. Pueden influir en los precios internacionales de la energía, que sí nos afectan como a cualquier economía integrada en los mercados globales, pero no son puntos críticos para nuestro abastecimiento directo.


4. ¿Qué riesgos existen actualmente para la seguridad del suministro energético y comercial a nivel global?

El comercio marítimo ha demostrado históricamente una gran capacidad de adaptación. Hemos superado crisis anteriores y el sistema siempre ha encontrado la manera de reorganizarse. Dicho esto, hay factores que conviene tener en cuenta.

La concentración de tráfico en determinados corredores hace el sistema eficiente, pero también más sensible a incidentes puntuales. Y el entorno geopolítico actual añade incertidumbre en ciertas zonas.

También están las amenazas sobre infraestructuras críticas: cables submarinos, conducciones energéticas, sistemas de navegación.

5. ¿Cómo están influyendo los conflictos geopolíticos y los factores climáticos en la reconfiguración de las rutas marítimas?

El sistema se está adaptando en tiempo real. Cuando una zona se complica, los responsables del tráfico marítimo y del comercio buscan alternativas.

Eso implica rutas más largas en algunos casos —por ejemplo, desviar tráfico por el cabo de Buena Esperanza para evitar zonas de riesgo—, pero también está acelerando la búsqueda de soluciones multimodales que combinan el transporte marítimo con otras vías. El sector está siendo creativo en la respuesta.

El clima también está influyendo. Lo hemos visto en el canal de Panamá, donde las limitaciones de agua han afectado al tráfico. Son factores que antes tenían menos peso y ahora condicionan decisiones operativas.

El resultado es un sistema menos predecible y más exigente en la planificación.

6. ¿Qué papel está adquiriendo la defensa naval en la protección de infraestructuras críticas y del tráfico marítimo?

Está ganando protagonismo. La seguridad marítima vuelve a ser una prioridad estratégica a ojos tanto del gran público como de las distintas administraciones y gobiernos.

Hablamos de proteger rutas, infraestructuras y todo el sistema que permite que el comercio funcione.

En este sentido, la presencia naval actúa como un agente que aporta estabilidad y como un elemento de disuasión. Ayuda a garantizar que el tráfico siga fluyendo.

7. ¿Cómo está transformando la tecnología —como la inteligencia artificial, la automatización o los buques inteligentes— el sector en este nuevo escenario?

La tecnología está ayudando a gestionar mejor la incertidumbre. Herramientas como la inteligencia artificial o el análisis de datos permiten optimizar rutas y anticipar problemas.

También se está avanzando en automatización y en buques más conectados, con mayor capacidad de adaptación.

No elimina los riesgos, pero sí permite tomar decisiones más rápidas y con mejor información.

8. En este contexto de incertidumbre global, ¿cuáles son los principales retos y oportunidades para el sector marítimo en los próximos años?

El sector tiene varios retos abiertos, pero también muchas oportunidades. La descarbonización es uno de los más importantes. Hay objetivos exigentes y eso obliga a replantear la forma de propulsar los buques.

También está la seguridad, que vuelve a estar en el centro. Y la gestión de costes, que se está complicando en este contexto.

La reconfiguración de rutas puede reforzar el papel de países bien posicionados, y España tiene ahí una ventaja clara por su ubicación y su sistema portuario.

Y la innovación va a jugar un papel clave. Nuevas tecnologías y nuevas fuentes de energía pueden marcar una diferencia en los próximos años.

En el fondo, el sector marítimo sigue siendo la base del comercio global. Su evolución va a marcar en buena medida cómo evoluciona la economía en su conjunto.

PUBLICIDAD

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí
Captcha verification failed!
La puntuación de usuario de captcha falló. ¡por favor contáctenos!
- Publicidad -spot_img
- Publicidad -spot_img
PUBLICIDAD