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Pedro Rodríguez: “En la mar, el inglés es un chaleco salvavidas”

Pedro Rodríguez, tras años de experiencia navegando por todo el mundo, compagina su trayectoria en la mar con su pasión por la enseñanza y los idiomas. En esta entrevista, nos habla de comunicación, seguridad, vida a bordo y de la importancia del inglés para los profesionales del sector.

Después de varios años navegando como oficial de puente por todo el mundo, ¿qué te llevó a cambiar el rumbo y dedicarte a la enseñanza del inglés marítimo?  

Hubo varias razones. Algunas son personales, pero otras quizá hagan sentirse  reflejada a la persona que esté leyendo esto. En mi opinión, creo que las  condiciones a bordo y la calidad de vida que obtienes al navegar son cada vez  peores. Piensa por un momento que cada uno de nosotros que decide navegar  está sacrificando toda su vida por trabajar en un barco. Eso incluye: el tiempo en  familia, la comodidad de estar en casa, la alegría de ver a tus hijos crecer… La  recompensa por dejar todo eso atrás durante varios meses debe ser enorme para  que la gente decida ir a navegar. Y para mí tenía mucho sentido cuando empecé.  Hubo días en los que había dormido solo tres horas y, aun así, pensaba: «Sí, me  gusta esta vida y este es el lugar en el que quiero estar». Sin embargo, creo que  no todo lo bueno dura para siempre. Las cosas cambian y las personas también.  Siento que ha habido un cambio en mis prioridades que me ha hecho  replantearme si navegar vale realmente la pena para mí. 

Además, y como decía anteriormente, las condiciones y la codicia de las  empresas van a peor: muchas no respetan las vacaciones del tripulante, otras no  ofrecen ningún apoyo a los tripulantes y uno acaba sintiéndose solo ante el peligro  en muchas ocasiones, y otras presionan a las tripulaciones hasta tal punto que  resulta difícil realizar el trabajo a bordo con seguridad y profesionalidad. 

Todo esto lo digo desde mi propia experiencia y desde las conversaciones que he  tenido con otros compañeros de a bordo. Generalizar no está bien y no podemos  decir que todo el panorama sea así, pero es cierto que existen patrones y  denominadores comunes. 

En cualquier caso, y para no acabar en un tono negativo, una de las principales  razones por las que decidí dedicarme a la enseñanza es que siempre me ha  apasionado. En el barco era el oficial que siempre intentaba enseñar todo lo que  podía a los alumnos, y hay algo muy gratificante en enseñar y ver el progreso de  otra persona. También he sido siempre un amante de los idiomas y soy defensor  de la idea de que, si conoces idiomas, puedes llegar lejos en la vida. Para la gente  de mar, el inglés es un chaleco salvavidas ahí fuera, y pienso que, si logro  enseñarlo bien, podré ayudar a mucha gente a desempeñar su trabajo mucho  mejor. 

En tu experiencia, ¿qué errores cometen con más frecuencia los estudiantes y profesionales del sector cuando utilizan el inglés a bordo o en las comunicaciones por VHF?  

Aquí podría nombrar una gran cantidad de errores que he visto cometer, y que he  cometido yo también, a muchas personas al comunicarse por VHF. Pero creo que 

todos los fallos que he visto se deben principalmente a dos errores: el primero es  pensar en español y traducir mentalmente al inglés, y el segundo consiste en no  formar mensajes y frases cortas y directas. El problema que veo, sobre todo en  oficiales y alumnos de puente que tienen que hablar por la radio, es que, para  expresar una idea sencilla, forman frases muy enrevesadas y largas. En el mar, lo  que prima es ser claro y directo. Nada más. Es paradójico, pero cuanto más  complejo sea nuestro mensaje, peor será nuestra comunicación. Con esto quiero  decir que, en la mayoría de las ocasiones, no hace falta un C1 de inglés para  hablar por VHF. Si nuestra idea se puede decir con cuatro palabras, es mejor  utilizar esas cuatro palabras que diez. 

Asimismo, pienso que el problema viene de cómo nos han enseñado inglés desde  pequeños. Creo que rara vez se enseña el inglés de forma práctica, sino que  siempre nos centramos en temas no tan cruciales, como los tiempos verbales o la  gramática. No nos enseñan a comunicarnos o a defender y expresar nuestras  ideas. En el mar, esto es lo más importante. Nadie te va a llamar la atención por no  haber conjugado bien un verbo, pero sí puede ocurrir un accidente si el tripulante  no sabe comunicar bien sus intenciones o no transmite correctamente las  instrucciones por la radio. 

Así que diría que el mayor problema en las comunicaciones por VHF es que nos  falta entender que, en el mar, el inglés tiene que ser simple y directo. Yo siempre digo a mis alumnos: «Una frase equivale a una idea». No hay que  complicarse mucho más la vida. 

La seguridad marítima depende en gran medida de una comunicación clara. ¿Hasta qué punto un buen nivel de inglés puede evitar incidentes o mejorar la coordinación entre buques y autoridades marítimas?  

Justamente hice mi TFG en relación con esta pregunta: ¿ha habido accidentes  marítimos por culpa de una mala comunicación? Y te sorprendería saber que hay  muchos casos en los que una mala comunicación ha derivado en una colisión o en  un barco sobre las rocas. La idea es clara: en el mar no estamos solos. Mis  acciones y mis decisiones tienen consecuencias sobre el tráfico que hay a mi  alrededor. Por lo tanto, saber comunicar nuestras intenciones correctamente es  clave para que todos nos entendamos en el mar. 

Esto lo comprobé la primera vez que estuve en el estrecho de Malaca. Allí los  barcos navegan uno detrás de otro, como si se tratara de un convoy. En aquella  ocasión, nos dirigíamos al fondeadero de Singapur y, antes de llegar, teníamos que  navegar dentro de un DST con el resto de barcos. Esa situación fue estresante  para mí porque la radio no paraba de sonar: desde tierra daban instrucciones,  constantemente había barcos llamándose unos a otros y nosotros mismos tuvimos  que contactar con un par de barcos que teníamos por proa para conocer sus  intenciones. Pero aun así, diría que se sentía como un caos ordenado. Si el oficial  está atento y domina el inglés, la información que escucha por la radio será  siempre útil y podrá tomar decisiones con bastante antelación.

En mi opinión, se subestima la importancia de una buena comunicación por radio,  en especial en el mar, donde las acciones de un barco tienen consecuencias sobre  el resto. 

Cada vez hay más jóvenes interesados en estudiar Náutica y Transporte Marítimo. ¿Qué nivel de inglés deberían tener antes de embarcar por primera vez y cómo pueden prepararse de forma eficaz?  

Es una muy buena pregunta. Cuando empecé a navegar como alumno de puente  tenía el C1 de inglés. Y la verdad es que me ayudó enormemente. Leía cualquier  manual sin problema, entendía cualquier aviso meteorológico y comprendía las  conversaciones entre otros barcos sin mucho esfuerzo. Sin embargo, con los años  hay algo que me parece más importante que todos los estudiantes de Náutica  deberían trabajar antes de embarcar: saber defender sus ideas en inglés.  

Resulta que, aunque tenía un gran nivel de inglés, hubo muchas ocasiones en las  que no conseguía encontrar mi voz para defender mis ideas. La profesión de  marino tiene un componente muy humano y un aspecto crucial para trabajar a  bordo es fortalecer nuestra capacidad para relacionarnos con otras personas. 

Es cierto que comenté anteriormente que no hace falta un C1 para hablar por la  radio, pero la convivencia a bordo es distinta. Y, aunque un alumno de puente no  tenga responsabilidades en el barco, sigue siendo un tripulante más que está  aprendiendo a defender su criterio y sus decisiones de cara al futuro. Habrá  muchas personas que cuestionarán su trabajo y habrá infinidad de ocasiones en  las que tendrá que defender su criterio, sus decisiones y su forma de trabajar.  Creo que esta parte no se trabaja en las escuelas y es difícil de aprender si uno no  es consciente de ello. 

Por eso, yo recomiendo tener un buen nivel de inglés (B2 o C1) y, sobre todo, usar  ese inglés como un arma a tu favor. Asimismo, creo que la inmersión en el idioma  es lo más importante para prepararse de forma eficaz. Yo nunca he ido a una  academia de inglés. Siempre fui autodidacta y pude llegar lejos gracias a mi  inglés. Y, sorprendentemente, lo que más hice para mejorar mi inglés fue ver  muchas películas, jugar a videojuegos y leer libros en inglés. Vaya, ¡que me lo pasé  genial aprendiendo el idioma! También me ayudó tener una amiga en Estados  Unidos con la que hablaba a menudo en inglés. 

La mejor preparación es disfrutar del proceso y hacerlo con sentido. 

Has trabajado con tripulaciones de diferentes nacionalidades. ¿Qué aprendizajes te ha dejado esa experiencia sobre el trabajo multicultural en la industria marítima?  

Lo que más he aprendido es que las cosas se pueden hacer de mil maneras  diferentes. A bordo hay un dicho que se repite mucho, sobre todo en barcos de  bandera española: «No cambies nada, ya que siempre se hizo así». Y, la verdad,  ¿para qué tocar algo cuando las cosas funcionan bien, no? Pero, navegando con 

tripulaciones de diferentes nacionalidades, comienzas a enriquecerte con las  distintas formas de hacer un mismo trabajo. No todas son válidas, ni tampoco  estuve siempre de acuerdo con la forma de trabajar de ciertas personas, pero ver  otros puntos de vista es siempre algo positivo, en mi opinión. 

Asimismo, algo que me gusta de trabajar con personas de otros países es que,  normalmente, ahí fuera las personas tienen más determinación a la hora de  resolver problemas y enfrentarse a situaciones desfavorables. Siempre he sentido  que en España somos muy de quejarnos y de protestar, muchas veces con razón,  pero me da la sensación de que solemos centrarnos demasiado en el problema y  no tanto en qué debemos hacer para resolverlo. Cuando he navegado con  personas de otros países, es menos hablar y más hacer y resolver. Es como si  hubiera una mentalidad de que las cosas van a salir bien y no vamos a perder  demasiado tiempo en lamentaciones. 

Como digo, esa ha sido mi impresión y puede cambiar si le preguntas a otra  persona. 

Desde la perspectiva de la logística y el transporte marítimo internacional, ¿cómo ha evolucionado el perfil profesional que demandan hoy las navieras respecto a hace diez años?  

Pues la verdad es que las navieras, al igual que muchísimas empresas de otros  sectores, no paran de exigir «años de experiencia» para cualquier puesto a bordo,  incluso en los puestos más bajos. Pero lo más gracioso de todo es que nunca  dedican el tiempo suficiente para conocer a la persona y, ni mucho menos, para  comprobar qué ha aprendido y logrado esa persona con todos esos años a sus  espaldas. Desde mi experiencia personal, te puedo decir que ha habido  profesionales con los que he navegado que tenían «numerosos años de  experiencia en su puesto» y a los que he tenido que explicar las cosas más  básicas de a bordo.  

Hay un problema en el proceso de selección por parte de las navieras. Hay  ocasiones en las que exigen perfiles de la NASA para tripular un barco que fue  construido hace veinte años y, en otras ocasiones, el escrutinio es tan laxo que ha  habido tripulantes que han embarcado con certificados caducados y sin haber  realizado siquiera una entrevista. Desde mi experiencia personal, las navieras  deberían mirar también el aspecto humano de las personas (personalidad,  estabilidad emocional, temperamento, capacidad para trabajar bajo estrés, trato  con las personas…), así como entender que los barcos no han avanzado tanto con  los años. Hay más tecnología por todos lados, desde luego, pero sigue siendo un  gran caparazón de metal que flota y transporta carga de un lado a otro. 

En mi opinión, el perfil que deben demandar las navieras es el de alguien que  demuestre saber convivir y trabajar con un grupo de personas durante meses, que  sea responsable con su trabajo y sus obligaciones y que esté dispuesto a  aprender durante las campañas.

Yo mismo no lo sabía todo cuando empecé a trabajar de oficial, pero siempre  escuché y aprendí de los grandes profesionales con los que navegué. 

En definitiva, las navieras también tienen una gran responsabilidad en la vida y el  bienestar a bordo y deberían valorar más el lado humano de las personas a las  que contratan. 

La digitalización está transformando el sector marítimo y portuario. ¿Crees que el dominio del inglés será aún más importante con la llegada de nuevas tecnologías y sistemas inteligentes a bordo?  

Estos días me he hecho esa pregunta bastantes veces: ¿llegará la IA a bordo y  conseguirá sustituir a los tripulantes? En mi opinión, no. Siempre necesitaremos  personas para tripular los barcos. Aunque existan los buques autónomos, creo  que son más bien buques que pueden operar dentro de unos parámetros muy  bien definidos y controlados. Yo nunca me sentiría seguro si fuera un pasajero que  quiere cruzar el Atlántico en un barco sin tripulación. 

Además, el mar ha sido y siempre será un lugar hostil y traicionero. Por mucho  que avance la tecnología, la naturaleza siempre gana y, cuando hablamos de  implementar la IA en los barcos y hacer que los opere de forma autónoma, esa  idea, en sí misma, es muy peligrosa. Yo opino que tampoco podemos ir en contra  de los avances tecnológicos. La IA como herramienta es muy buena, pero creo  que debe ser una ayuda para agilizar el trabajo, nada más. 

Por lo tanto, y como he mencionado en otras respuestas, nuestra profesión es  muy humana y necesitamos gente de mar para trabajar en los barcos. Y el inglés  seguirá siendo necesario para todos nosotros. 

Para terminar, ¿qué consejo le darías a un estudiante o a un profesional del sector marítimo que sabe que necesita mejorar su inglés, pero no encuentra el momento para empezar?  

Yo le diría que busque aquello que le haga disfrutar aprendiendo idiomas. Yo  nunca aprendí inglés porque hubiera alguien que me obligara a hacerlo. Lo hice  porque realmente me gustaba y disfrutaba aprendiendo el idioma. Hoy en día echo  de menos esa sensación y por eso estoy aprendiendo alemán poco a poco para  volver a sentir esa alegría. 

Igualmente, yo le diría que haga mucha inmersión en el idioma: que consuma  contenido todos los días, ya sea en formato de vídeo, libro o podcast. Cuando lo  haga, debe buscar patrones. Saber un idioma no significa reinventar la rueda, sino  imitar y encontrar esos patrones, palabras y estructuras en común que los nativos  utilizan una y otra vez. 

Además, le diría que se olvide de ser perfeccionista. En muchas escuelas y  academias buscan que los alumnos logren hablar el idioma sin fallos, y eso no lo 

logramos ni siquiera en nuestra lengua materna. Comete fallos, aprende de ellos,  pero no sientas vergüenza si vuelves a cometerlos, ya que es parte del proceso de  aprendizaje. 

Por último, si ve que aun así no encuentra motivación o tiempo, le recomendaría  un profesor muy bueno que se llama Pedro Rodríguez y que prepara a la gente  para que pueda defenderse a bordo con su inglés. Bromas aparte, pienso que  nosotros mismos podemos hacer mucho por nuestra cuenta. Hay un lema que me  gusta mucho en inglés: «Where there’s a will, there’s a way» («si hay voluntad, hay  un camino» o, dicho de otra forma, «querer es poder»). 

Así que yo les mando mucho ánimo y, si han podido echar campañas de multitud  de meses a bordo, ¿cómo no van a ser capaces de hablar inglés? ¡A tope!

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