Pedro Alejandro Rodríguez de la Rosa, profesor de inglés marítimo y Primer Oficial de Puente de la Marina Mercante.
Pedro Rodríguez, tras años de experiencia navegando por todo el mundo, compagina su trayectoria en la mar con su pasión por la enseñanza y los idiomas. En esta entrevista, nos habla de comunicación, seguridad, vida a bordo y de la importancia del inglés para los profesionales del sector.
Después de varios años navegando como oficial de puente por todo el mundo, ¿qué te llevó a cambiar el rumbo y dedicarte a la enseñanza del inglés marítimo?
Hubo varias razones. Algunas son personales, pero otras quizá hagan sentirse reflejada a la persona que esté leyendo esto. En mi opinión, creo que las condiciones a bordo y la calidad de vida que obtienes al navegar son cada vez peores. Piensa por un momento que cada uno de nosotros que decide navegar está sacrificando toda su vida por trabajar en un barco. Eso incluye: el tiempo en familia, la comodidad de estar en casa, la alegría de ver a tus hijos crecer… La recompensa por dejar todo eso atrás durante varios meses debe ser enorme para que la gente decida ir a navegar. Y para mí tenía mucho sentido cuando empecé. Hubo días en los que había dormido solo tres horas y, aun así, pensaba: «Sí, me gusta esta vida y este es el lugar en el que quiero estar». Sin embargo, creo que no todo lo bueno dura para siempre. Las cosas cambian y las personas también. Siento que ha habido un cambio en mis prioridades que me ha hecho replantearme si navegar vale realmente la pena para mí.
Además, y como decía anteriormente, las condiciones y la codicia de las empresas van a peor: muchas no respetan las vacaciones del tripulante, otras no ofrecen ningún apoyo a los tripulantes y uno acaba sintiéndose solo ante el peligro en muchas ocasiones, y otras presionan a las tripulaciones hasta tal punto que resulta difícil realizar el trabajo a bordo con seguridad y profesionalidad.
Todo esto lo digo desde mi propia experiencia y desde las conversaciones que he tenido con otros compañeros de a bordo. Generalizar no está bien y no podemos decir que todo el panorama sea así, pero es cierto que existen patrones y denominadores comunes.
En cualquier caso, y para no acabar en un tono negativo, una de las principales razones por las que decidí dedicarme a la enseñanza es que siempre me ha apasionado. En el barco era el oficial que siempre intentaba enseñar todo lo que podía a los alumnos, y hay algo muy gratificante en enseñar y ver el progreso de otra persona. También he sido siempre un amante de los idiomas y soy defensor de la idea de que, si conoces idiomas, puedes llegar lejos en la vida. Para la gente de mar, el inglés es un chaleco salvavidas ahí fuera, y pienso que, si logro enseñarlo bien, podré ayudar a mucha gente a desempeñar su trabajo mucho mejor.
En tu experiencia, ¿qué errores cometen con más frecuencia los estudiantes y profesionales del sector cuando utilizan el inglés a bordo o en las comunicaciones por VHF?
Aquí podría nombrar una gran cantidad de errores que he visto cometer, y que he cometido yo también, a muchas personas al comunicarse por VHF. Pero creo que
todos los fallos que he visto se deben principalmente a dos errores: el primero es pensar en español y traducir mentalmente al inglés, y el segundo consiste en no formar mensajes y frases cortas y directas. El problema que veo, sobre todo en oficiales y alumnos de puente que tienen que hablar por la radio, es que, para expresar una idea sencilla, forman frases muy enrevesadas y largas. En el mar, lo que prima es ser claro y directo. Nada más. Es paradójico, pero cuanto más complejo sea nuestro mensaje, peor será nuestra comunicación. Con esto quiero decir que, en la mayoría de las ocasiones, no hace falta un C1 de inglés para hablar por VHF. Si nuestra idea se puede decir con cuatro palabras, es mejor utilizar esas cuatro palabras que diez.
Asimismo, pienso que el problema viene de cómo nos han enseñado inglés desde pequeños. Creo que rara vez se enseña el inglés de forma práctica, sino que siempre nos centramos en temas no tan cruciales, como los tiempos verbales o la gramática. No nos enseñan a comunicarnos o a defender y expresar nuestras ideas. En el mar, esto es lo más importante. Nadie te va a llamar la atención por no haber conjugado bien un verbo, pero sí puede ocurrir un accidente si el tripulante no sabe comunicar bien sus intenciones o no transmite correctamente las instrucciones por la radio.
Así que diría que el mayor problema en las comunicaciones por VHF es que nos falta entender que, en el mar, el inglés tiene que ser simple y directo. Yo siempre digo a mis alumnos: «Una frase equivale a una idea». No hay que complicarse mucho más la vida.
La seguridad marítima depende en gran medida de una comunicación clara. ¿Hasta qué punto un buen nivel de inglés puede evitar incidentes o mejorar la coordinación entre buques y autoridades marítimas?
Justamente hice mi TFG en relación con esta pregunta: ¿ha habido accidentes marítimos por culpa de una mala comunicación? Y te sorprendería saber que hay muchos casos en los que una mala comunicación ha derivado en una colisión o en un barco sobre las rocas. La idea es clara: en el mar no estamos solos. Mis acciones y mis decisiones tienen consecuencias sobre el tráfico que hay a mi alrededor. Por lo tanto, saber comunicar nuestras intenciones correctamente es clave para que todos nos entendamos en el mar.
Esto lo comprobé la primera vez que estuve en el estrecho de Malaca. Allí los barcos navegan uno detrás de otro, como si se tratara de un convoy. En aquella ocasión, nos dirigíamos al fondeadero de Singapur y, antes de llegar, teníamos que navegar dentro de un DST con el resto de barcos. Esa situación fue estresante para mí porque la radio no paraba de sonar: desde tierra daban instrucciones, constantemente había barcos llamándose unos a otros y nosotros mismos tuvimos que contactar con un par de barcos que teníamos por proa para conocer sus intenciones. Pero aun así, diría que se sentía como un caos ordenado. Si el oficial está atento y domina el inglés, la información que escucha por la radio será siempre útil y podrá tomar decisiones con bastante antelación.
En mi opinión, se subestima la importancia de una buena comunicación por radio, en especial en el mar, donde las acciones de un barco tienen consecuencias sobre el resto.
Cada vez hay más jóvenes interesados en estudiar Náutica y Transporte Marítimo. ¿Qué nivel de inglés deberían tener antes de embarcar por primera vez y cómo pueden prepararse de forma eficaz?
Es una muy buena pregunta. Cuando empecé a navegar como alumno de puente tenía el C1 de inglés. Y la verdad es que me ayudó enormemente. Leía cualquier manual sin problema, entendía cualquier aviso meteorológico y comprendía las conversaciones entre otros barcos sin mucho esfuerzo. Sin embargo, con los años hay algo que me parece más importante que todos los estudiantes de Náutica deberían trabajar antes de embarcar: saber defender sus ideas en inglés.
Resulta que, aunque tenía un gran nivel de inglés, hubo muchas ocasiones en las que no conseguía encontrar mi voz para defender mis ideas. La profesión de marino tiene un componente muy humano y un aspecto crucial para trabajar a bordo es fortalecer nuestra capacidad para relacionarnos con otras personas.
Es cierto que comenté anteriormente que no hace falta un C1 para hablar por la radio, pero la convivencia a bordo es distinta. Y, aunque un alumno de puente no tenga responsabilidades en el barco, sigue siendo un tripulante más que está aprendiendo a defender su criterio y sus decisiones de cara al futuro. Habrá muchas personas que cuestionarán su trabajo y habrá infinidad de ocasiones en las que tendrá que defender su criterio, sus decisiones y su forma de trabajar. Creo que esta parte no se trabaja en las escuelas y es difícil de aprender si uno no es consciente de ello.
Por eso, yo recomiendo tener un buen nivel de inglés (B2 o C1) y, sobre todo, usar ese inglés como un arma a tu favor. Asimismo, creo que la inmersión en el idioma es lo más importante para prepararse de forma eficaz. Yo nunca he ido a una academia de inglés. Siempre fui autodidacta y pude llegar lejos gracias a mi inglés. Y, sorprendentemente, lo que más hice para mejorar mi inglés fue ver muchas películas, jugar a videojuegos y leer libros en inglés. Vaya, ¡que me lo pasé genial aprendiendo el idioma! También me ayudó tener una amiga en Estados Unidos con la que hablaba a menudo en inglés.
La mejor preparación es disfrutar del proceso y hacerlo con sentido.
Has trabajado con tripulaciones de diferentes nacionalidades. ¿Qué aprendizajes te ha dejado esa experiencia sobre el trabajo multicultural en la industria marítima?
Lo que más he aprendido es que las cosas se pueden hacer de mil maneras diferentes. A bordo hay un dicho que se repite mucho, sobre todo en barcos de bandera española: «No cambies nada, ya que siempre se hizo así». Y, la verdad, ¿para qué tocar algo cuando las cosas funcionan bien, no? Pero, navegando con
tripulaciones de diferentes nacionalidades, comienzas a enriquecerte con las distintas formas de hacer un mismo trabajo. No todas son válidas, ni tampoco estuve siempre de acuerdo con la forma de trabajar de ciertas personas, pero ver otros puntos de vista es siempre algo positivo, en mi opinión.
Asimismo, algo que me gusta de trabajar con personas de otros países es que, normalmente, ahí fuera las personas tienen más determinación a la hora de resolver problemas y enfrentarse a situaciones desfavorables. Siempre he sentido que en España somos muy de quejarnos y de protestar, muchas veces con razón, pero me da la sensación de que solemos centrarnos demasiado en el problema y no tanto en qué debemos hacer para resolverlo. Cuando he navegado con personas de otros países, es menos hablar y más hacer y resolver. Es como si hubiera una mentalidad de que las cosas van a salir bien y no vamos a perder demasiado tiempo en lamentaciones.
Como digo, esa ha sido mi impresión y puede cambiar si le preguntas a otra persona.
Desde la perspectiva de la logística y el transporte marítimo internacional, ¿cómo ha evolucionado el perfil profesional que demandan hoy las navieras respecto a hace diez años?
Pues la verdad es que las navieras, al igual que muchísimas empresas de otros sectores, no paran de exigir «años de experiencia» para cualquier puesto a bordo, incluso en los puestos más bajos. Pero lo más gracioso de todo es que nunca dedican el tiempo suficiente para conocer a la persona y, ni mucho menos, para comprobar qué ha aprendido y logrado esa persona con todos esos años a sus espaldas. Desde mi experiencia personal, te puedo decir que ha habido profesionales con los que he navegado que tenían «numerosos años de experiencia en su puesto» y a los que he tenido que explicar las cosas más básicas de a bordo.
Hay un problema en el proceso de selección por parte de las navieras. Hay ocasiones en las que exigen perfiles de la NASA para tripular un barco que fue construido hace veinte años y, en otras ocasiones, el escrutinio es tan laxo que ha habido tripulantes que han embarcado con certificados caducados y sin haber realizado siquiera una entrevista. Desde mi experiencia personal, las navieras deberían mirar también el aspecto humano de las personas (personalidad, estabilidad emocional, temperamento, capacidad para trabajar bajo estrés, trato con las personas…), así como entender que los barcos no han avanzado tanto con los años. Hay más tecnología por todos lados, desde luego, pero sigue siendo un gran caparazón de metal que flota y transporta carga de un lado a otro.
En mi opinión, el perfil que deben demandar las navieras es el de alguien que demuestre saber convivir y trabajar con un grupo de personas durante meses, que sea responsable con su trabajo y sus obligaciones y que esté dispuesto a aprender durante las campañas.
Yo mismo no lo sabía todo cuando empecé a trabajar de oficial, pero siempre escuché y aprendí de los grandes profesionales con los que navegué.
En definitiva, las navieras también tienen una gran responsabilidad en la vida y el bienestar a bordo y deberían valorar más el lado humano de las personas a las que contratan.
La digitalización está transformando el sector marítimo y portuario. ¿Crees que el dominio del inglés será aún más importante con la llegada de nuevas tecnologías y sistemas inteligentes a bordo?
Estos días me he hecho esa pregunta bastantes veces: ¿llegará la IA a bordo y conseguirá sustituir a los tripulantes? En mi opinión, no. Siempre necesitaremos personas para tripular los barcos. Aunque existan los buques autónomos, creo que son más bien buques que pueden operar dentro de unos parámetros muy bien definidos y controlados. Yo nunca me sentiría seguro si fuera un pasajero que quiere cruzar el Atlántico en un barco sin tripulación.
Además, el mar ha sido y siempre será un lugar hostil y traicionero. Por mucho que avance la tecnología, la naturaleza siempre gana y, cuando hablamos de implementar la IA en los barcos y hacer que los opere de forma autónoma, esa idea, en sí misma, es muy peligrosa. Yo opino que tampoco podemos ir en contra de los avances tecnológicos. La IA como herramienta es muy buena, pero creo que debe ser una ayuda para agilizar el trabajo, nada más.
Por lo tanto, y como he mencionado en otras respuestas, nuestra profesión es muy humana y necesitamos gente de mar para trabajar en los barcos. Y el inglés seguirá siendo necesario para todos nosotros.
Para terminar, ¿qué consejo le darías a un estudiante o a un profesional del sector marítimo que sabe que necesita mejorar su inglés, pero no encuentra el momento para empezar?
Yo le diría que busque aquello que le haga disfrutar aprendiendo idiomas. Yo nunca aprendí inglés porque hubiera alguien que me obligara a hacerlo. Lo hice porque realmente me gustaba y disfrutaba aprendiendo el idioma. Hoy en día echo de menos esa sensación y por eso estoy aprendiendo alemán poco a poco para volver a sentir esa alegría.
Igualmente, yo le diría que haga mucha inmersión en el idioma: que consuma contenido todos los días, ya sea en formato de vídeo, libro o podcast. Cuando lo haga, debe buscar patrones. Saber un idioma no significa reinventar la rueda, sino imitar y encontrar esos patrones, palabras y estructuras en común que los nativos utilizan una y otra vez.
Además, le diría que se olvide de ser perfeccionista. En muchas escuelas y academias buscan que los alumnos logren hablar el idioma sin fallos, y eso no lo
logramos ni siquiera en nuestra lengua materna. Comete fallos, aprende de ellos, pero no sientas vergüenza si vuelves a cometerlos, ya que es parte del proceso de aprendizaje.
Por último, si ve que aun así no encuentra motivación o tiempo, le recomendaría un profesor muy bueno que se llama Pedro Rodríguez y que prepara a la gente para que pueda defenderse a bordo con su inglés. Bromas aparte, pienso que nosotros mismos podemos hacer mucho por nuestra cuenta. Hay un lema que me gusta mucho en inglés: «Where there’s a will, there’s a way» («si hay voluntad, hay un camino» o, dicho de otra forma, «querer es poder»).
Así que yo les mando mucho ánimo y, si han podido echar campañas de multitud de meses a bordo, ¿cómo no van a ser capaces de hablar inglés? ¡A tope!




