Parece fácil hablar de Tata, pero no lo es y es que ella era todo, de una u otra forma lo abarcaba todo. Amiga, colega, familiar, cariñosa, generosa, cumplidora y dueña de un genio que cuando lo sacaba nos echábamos a temblar. Pero sobre todo era una persona cercana y extraordinaria que siempre estaba dispuesta a escucharte, sea cual fuera el tema de qué hablar.
Nos conocíamos de toda la vida, siempre cercana y en los últimos años más que amigos, siempre apoyándome y no teniendo reparo alguno en recibir ayuda si la necesitaba, confidente y siempre divertida, nunca escatimaba esa sonrisa que la caracterizaba y llenaba de luz su cara.
Tuve la gran suerte de conocerla desde muchos puntos de vista, el familiar y más íntimo, “la tía Tata”, adorada y querida por toda la familia incluidos mis hijos, siempre dispuesta a organizar una fiesta sorpresa o una comida familiar, una escapada al monte o cualquier otra actividad lúdica, le gustaba estar rodeada de amigos y nunca perdió la ocasión de hacerlo. Acompañada siempre de su fiel amigo y compañero de fatigas, un “mil leches” al que Blanca, su madre, bautizó con el nombre de Sevino, con quien era fácil de “hablar” y con el que teníamos la misma complicidad que con ella.
Desde el punto de vista profesional, investigadora incansable y compañera de trabajo excelente, juntos trabajamos hombro con hombro, formando parte de un equipo del que siempre nos sentimos orgullosos, tanto en el trabajo de campo o de laboratorio, como en el desarrollo de proyectos de carácter nacional e internacional o en grupos de trabajo, siempre con rigor y una forma de trabajar exquisita. Recuerdo jornadas de trabajo agotadoras y ella era siempre positiva y luchadora, no recuerdo que se rindiera nunca ante ninguna dificultad.
Blanca la artista, sensibilidad a flor de piel, que podía expresar pintando, tallando, esculpiendo… todo era una necesidad para ella.
Su jardín otra expresión más de su arte, consiguió crear de un pedazo de tierra un pequeño paraíso, un jardín que fue su refugio durante mucho tiempo, fue su descanso los últimos años de su vida.
Todos, su familia, su hijo, sus amigos, sus compañeros y sus admiradores, lloramos apenados porque la naturaleza, injusta muchas veces, se la llevó sin dejarnos disfrutar más tiempo de su compañía, pero quiero pensar que a donde quiera que sea, se haya llevado con ella un pedacito de nuestro corazón junto con su querido Sevino y su jardín de La Romana Alta.
DESCANSA EN PAZ MI QUERIDA BLANCA,
JB Peleteiro




