La carta, emitida por la Federación Europea de Trabajadores del Transporte (ETF) denuncia que el sistema de transporte europeo no está preparado para afrontar crisis como el conflicto con Irán y la escalada en el Golfo, que no son hechos aislados sino parte de una serie de tensiones previsibles. Estas situaciones ponen de manifiesto debilidades estructurales de la Unión Europea, que sigue sin contar con herramientas eficaces para proteger al sector y a sus trabajadores.
Esta fragilidad es consecuencia de años de decisiones políticas centradas en la reducción de costes y la competencia interna dentro de la UE. Esto ha provocado una mayor exposición a la competencia internacional, una gobernanza fragmentada y una dependencia creciente de terceros países, en lugar de reforzar la inversión pública, la resiliencia y el empleo de calidad.
Aunque en cada crisis se aplican medidas temporales como subvenciones o ayudas fiscales, estas solo alivian los efectos inmediatos sin resolver los problemas de fondo. Como resultado, el sector del transporte se vuelve cada vez más débil, inestable y menos atractivo para los trabajadores, lo que se considera una dinámica insostenible.
La Federación Europea de Trabajadores del Transporte pide a la Comisión Europea actuar de forma urgente mediante tres líneas clave: crear marcos vinculantes de seguridad y gestión de crisis con una fuerte dimensión laboral; evitar que las crisis se gestionen a costa del empleo y las condiciones laborales; y desarrollar estrategias sólidas de preparación con la participación de los interlocutores sociales.
Además, la ETF subraya que los trabajadores del transporte suelen estar en primera línea durante las crisis, pero no reciben una protección adecuada. Las interrupciones del espacio aéreo, los riesgos de seguridad y las alteraciones en las rutas se están convirtiendo en fenómenos estructurales, obligando a los trabajadores a asumir riesgos crecientes en condiciones cada vez más inestables.
Asimismo, la ETF critica también un patrón recurrente: las empresas protegen sus beneficios trasladando los costes y riesgos a los trabajadores, mediante recortes de actividad, salarios y empleo. Esto ya ocurrió durante la pandemia y amenaza con repetirse, agravando la pérdida de mano de obra cualificada.
La carta insiste en que no bastan soluciones temporales y reclama reformas estructurales para abordar problemas como el deterioro de las condiciones laborales, la falta de seguridad, la dependencia energética y los déficits de infraestructuras.
En cuanto a la energía, se destaca que la dependencia de los combustibles fósiles sigue siendo una debilidad estratégica. La transición energética es esencial, pero debe ir acompañada de medidas sociales que garanticen empleos de calidad y apoyo a los trabajadores.
Complementariamente, la ETF analiza también problemas específicos por sectores:
- En el ámbito marítimo, miles de marinos están expuestos a riesgos y varados por falta de coordinación europea.
- En la aviación, existe una competencia desigual debido a diferencias regulatorias.
- El ferrocarril ha sido debilitado por años de políticas que limitaron la inversión pública, reduciendo su capacidad como alternativa sostenible.
- El transporte por carretera sufre una crisis crónica de condiciones laborales que ha provocado escasez de conductores.
- El transporte público sigue sin ser prioritario, lo que obliga a muchos trabajadores a depender del transporte privado.
Finalmente, la carta reclama una respuesta política inmediata y coordinada. Propone convocar una mesa de alto nivel con instituciones europeas, Estados miembros y agentes sociales para diseñar una estrategia de resiliencia a largo plazo. Advierte que Europa se enfrenta a crisis recurrentes y previsibles, y que, hasta ahora, los trabajadores del transporte son quienes terminan asumiendo sus consecuencias.
La conclusión es clara: la Unión Europea debe actuar de manera decidida y estructural, ya que un sistema de transporte resiliente requiere decisiones políticas que hasta ahora han sido insuficientes.




