El acceso a agua potable es una necesidad humana fundamental, ya que el consumo de agua contaminada o en mal estado puede tener graves consecuencias para la salud. La provisión de agua dulce a los buques puede realizarse mediante desalación o mediante suministro externo en los puertos de escala. Sin embargo, una vez a bordo, la responsabilidad de mantener el agua en condiciones óptimas recaerá sobre el propio buque.
En este sentido, los puertos son la primera línea de defensa contra los posibles efectos nocivos del agua en mal estado, ya que son responsables de que el servicio cumpla con estrictos estándares de calidad y el agua sea apta para el consumo humano. Existen normas internacionales sobre la calidad del agua potable auspiciadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y, en nuestro caso, por la Unión Europea, además de las normas nacionales aplicables en cada caso, las cuales han de cumplirse escrupulosamente.
En cuanto a la calidad del agua producida a bordo, también existen disposiciones de la OMS que se centran en aspectos técnicos relacionados con el diseño del buque, las instalaciones de producción y distribución de agua potable a bordo, así como el muestreo y la monitorización constante del cumplimiento de los estándares de calidad.




