La formación en nuevos oficios náuticos del Instituto Francesc Xavier Lluch i Rafecas, con el apoyo del Fondo Europeo Marítimo, de Pesca y de Acuicultura (FEMPA) a través del GALP Costa Central, la actividad de Pendennis y el Plan Estratégico de la Economía Azul empiezan a conectar formación, empresa y empleo. La llegada de Lürssen a Tarragona confirma, además, que el refit de grandes yates puede convertirse en una industria estratégica para el litoral catalán.
Hay imágenes que explican mejor una estrategia económica que cualquier presentación de PowerPoint. Una de ellas es la de un grupo de alumnos del Instituto F.X. Lluch i Rafecas aprendiendo costura y reparación de velas, tapizado de superficies, trabajos sobre cubiertas de madera, mobiliario naval o pintura y tratamientos de embarcaciones.
Puede parecer una formación muy específica. En realidad, explica bastante bien una de las oportunidades económicas que tiene por delante Vilanova i la Geltrú.
Porque estos son algunos de los oficios que necesita una industria que ya está presente en la ciudad: el mantenimiento, la reparación y el refit de grandes embarcaciones.
Y aquí es donde la formación profesional conecta directamente con El Batec del Mar, el Plan Estratégico de Economía Azul impulsado por el Ayuntamiento de Vilanova i la Geltrú.
El plan parte de una idea acertada: el mar no debe entenderse únicamente como paisaje, ocio o turismo. También puede ser empresa, conocimiento, formación, innovación y empleo. Entre sus ejes se encuentran precisamente el fortalecimiento de la economía azul local, la identificación de los perfiles profesionales que necesita el sector y una mayor colaboración entre administración, empresas, centros educativos y universidad.
Lo más interesante es que algunas de estas piezas empiezan ahora a encajar.
Pendennis cambia la escala
La presencia de Pendennis en Vilanova es probablemente uno de los mejores ejemplos.
La compañía opera una instalación especializada en superyates, con capacidad para trabajar con embarcaciones de grandes dimensiones y desarrollar proyectos de mantenimiento y refit. Pero lo relevante para la economía local no son únicamente los metros de eslora de los barcos que llegan.
Lo importante es todo lo que ocurre a su alrededor.
Un gran yate es prácticamente un edificio tecnológico flotante. Necesita mecánicos, electricistas, ingenieros, pintores, carpinteros, tapiceros, soldadores, especialistas en climatización, electrónica, hidráulica, interiores y acabados. También necesita proveedores.
Esto significa que detrás de cada embarcación hay una cadena de valor considerable.
La pregunta estratégica para Vilanova debería ser muy sencilla: ¿qué parte de este valor podemos conseguir que se quede en el territorio? Porque atraer un barco es importante. Conseguir que ese barco contrate horas de trabajo, profesionales y empresas locales lo es mucho más.
Del aula al astillero
Aquí es donde cobra todo el sentido la formación que está desarrollando el Instituto Francesc Xavier Lluch i Rafecas.
No se trata simplemente de ofrecer nuevos cursos. Se trata de formar personas para actividades que tienen empresas y mercado a pocos kilómetros del aula.
Esta apuesta cuenta, además, con el apoyo del Fondo Europeo Marítimo, de Pesca y de Acuicultura (FEMPA), a través del GALP Costa Central. Es una conexión especialmente relevante: recursos europeos orientados al desarrollo local que se transforman en formación especializada, talento y nuevas oportunidades para que una parte mayor del valor generado por la actividad marítima se quede en el territorio.
Este vínculo entre formación y demanda empresarial es fundamental. Un joven que hoy aprende pintura náutica puede trabajar mañana en un proyecto de refit. Quien se especializa en electricidad puede evolucionar hacia sistemas navales cada vez más complejos. Un carpintero puede especializarse en interiores de alto nivel. Un tapicero puede encontrar un mercado internacional sin tener que abandonar necesariamente el territorio.
Y algunos de estos profesionales acabarán creando sus propias empresas. Aquí empieza el verdadero multiplicador económico: recursos europeos que, a través del GALP, se transforman en formación; formación que se transforma en talento; y talento que puede convertirse en empleo, empresa y actividad económica local.
El Batec del Mar debe llegar a los talleres
Esta es precisamente la dimensión más interesante del Plan de Economía Azul de Vilanova.
La ciudad ya cuenta con puerto, actividad náutica, empresas especializadas, formación profesional, universidad, Neàpolis y un tejido empresarial e industrial importante. El reto no consiste en inventar un ecosistema desde cero. Consiste en conectar lo que ya existe.
Que las empresas expliquen qué profesionales necesitan. Que la FP adapte formación y especialidades. Que los estudiantes entren en contacto con los astilleros. Que las pymes industriales descubran que pueden convertirse en proveedoras de la industria náutica. Que la universidad aporte ingeniería e innovación. Y que nuevos emprendedores encuentren oportunidades alrededor del mar.
La incubadora de economía azul impulsada en Neàpolis añade otra pieza. Porque una economía azul potente no puede depender exclusivamente de atraer grandes compañías. Debe conseguir que a su alrededor aparezcan pequeñas empresas especializadas capaces de integrarse en sus cadenas de suministro.
Tarragona confirma que algo se mueve
Mientras Vilanova desarrolla esta estrategia, Tarragona acaba de recibir una señal muy significativa.
Lürssen, uno de los grandes nombres mundiales de la construcción de superyates, ha confirmado Tarragona como base para su unidad de operaciones y reparación rápida en el Mediterráneo.
No debería interpretarse únicamente como una buena noticia para Tarragona. Es una señal para todo el litoral catalán.
Barcelona cuenta desde hace años con una actividad importante relacionada con grandes yates. Vilanova dispone de Pendennis y otras empresas del sector. Tarragona suma ahora la presencia operativa de Lürssen, además de Port Tarraco y actividad especializada en reparación naval.
Empieza a dibujarse un corredor catalán del refit capaz de competir por una actividad de alto valor añadido en el Mediterráneo. Y cuanto mayor sea esta concentración de embarcaciones, astilleros y operadores, mayor será también la demanda de profesionales y proveedores especializados.
No competir por barcos, sino por conocimiento
La verdadera competición no consiste únicamente en tener el puerto con más superyates. Consiste en disponer del conocimiento necesario para trabajar en ellos.
Porque un barco puede marcharse. El conocimiento se queda.
Se queda en el electricista que aprende a trabajar con sistemas navales avanzados. En el carpintero que domina acabados de máxima exigencia. En el joven que entra como aprendiz y al cabo de diez años dirige un equipo. En la pequeña empresa que empieza trabajando para un astillero local y acaba ofreciendo sus servicios en otros puertos del Mediterráneo.
Este debería ser uno de los grandes objetivos de El Batec del Mar: convertir la presencia de grandes operadores en conocimiento y capacidad productiva local.
¿Cuánto deja cada barco?
Por eso quizá también debamos cambiar la manera de medir el éxito de la economía azul.
No basta con contar embarcaciones. Hay que contar empleo, horas de trabajo, contratos, proveedores locales, alumnos incorporados a empresas, nuevos autónomos, empresas creadas y facturación que permanece en el territorio.
El éxito de la economía azul de Vilanova no debería medirse únicamente por los barcos que llegan al puerto, sino por cuántas horas de trabajo, empresas, proveedores y puestos de trabajo locales deja cada uno de ellos.
Aquí está la diferencia entre tener actividad náutica y construir una industria.
Pendennis aporta mercado. El puerto aporta infraestructura. El Instituto Francesc Xavier Lluch i Rafecas forma talento. Neàpolis puede impulsar nuevas empresas. Y El Batec del Mar ofrece el marco para conectar todas estas piezas.
Mientras tanto, la llegada de Lürssen a Tarragona confirma que la gran industria internacional del refit está mirando hacia esta costa.
Vilanova i la Geltrú tiene ahora la oportunidad de conseguir que, cuando estos barcos lleguen al Mediterráneo, no encuentren únicamente un buen lugar donde amarrar. Que encuentren profesionales, talleres, tecnología, proveedores y empresas.
Porque entonces la economía azul habrá dado el paso realmente importante: del mar a la industria, y de la industria al empleo local.




