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La protección pesquera favorece la diversidad genética de las especies marinas del canal de Menorca     

Un estudio de la Universidad de las Islas Baleares, el Instituto Español de Oceanografía y el Instituto de Investigaciones Marinas detecta una mayor diversidad genética en cuatro especies explotadas dentro de la zona donde la pesca de arrastre está prohibida.

Un estudio liderado por la Universidad de las Islas Baleares (UIB), con la participación de personal investigador del Centro Oceanográfico de Illes Balears del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) y el Instituto de Investigaciones Marinas (IIM-CSIC), aporta nuevas evidencias de los beneficios de proteger los ecosistemas marinos.

El estudio, publicado en la revista científica Biodiversity and Conservation, muestra que cuatro especies de interés pesquero presentan, de forma consistente, una mayor diversidad genética dentro de la zona de protección pesquera del canal de Menorca donde la pesca de arrastre está prohibida desde 2016.

La diversidad genética se puede entender como una caja de herramientas biológica: cuanto más variadas son las instrucciones contenidas en el ADN de una población, mayor capacidad puede tener para responder a cambios ambientales, a las enfermedades y a otras presiones.

Los investigadores analizaron el salmonete de roca (Mullus surmuletus), el serrano (Serranus cabrilla), la escórpora (Scorpaena notata) y el pulpo común (Octopus vulgaris) y en las cuatro especies, los ejemplares procedentes del área protegida mostraron los mayores valores de diversidad nucleotídica en comparación con los de las dos zonas abiertas a la pesca.

Más presión pesquera, menor diversidad genética

El estudio revela también que, tras la creación de la zona protegida, el esfuerzo pesquero se desplazó hacia otros sectores, especialmente hacia el área abierta a la pesca más próxima a la zona protegida. Los datos de los sistemas de seguimiento de los buques muestran una relación significativa entre el incremento de la presión pesquera y la diversidad genética: las zonas en las que aumentó o se mantuvo la actividad pesquera presentaron valores comparativamente más bajos de diversidad nucleotídica.

«Pese al gran intercambio de individuos entre las zonas, la presión pesquera continuada podría eliminar variantes genéticas poco frecuentes antes de lo que la llegada de nuevos ejemplares conseguiría reponerlas», revelan los autores. Los resultados indican, por tanto, que la conectividad con la zona protegida puede no ser suficiente para compensar completamente la pérdida de diversidad genética cuando la presión pesquera es elevada y persistente.

Para llevar a cabo la investigación, el equipo estudió muestras recogidas entre 2021 y 2023 en tres áreas del canal de Menorca. En total, analizó cerca de 400 ejemplares y comparó un fragmento de ADN mitocondrial llamado COI, utilizado habitualmente como una especie de código de barras genético. Los investigadores también combinaron estos datos con registros de la actividad de los barcos entre 2009 y 2023 y simulaciones de posibles expansiones y reducciones de las poblaciones.

«Estos resultados muestran que proteger los hábitats marinos no solo favorece la abundancia de las especies, sino que también puede preservar la diversidad genética que necesitan para adaptarse a cambios futuros. Incorporar indicadores genéticos en el seguimiento pesquero puede ayudarnos a tomar decisiones de conservación más eficaces», señala Noemi Pasini, autora principal del estudio e investigadora de la Universidad de las Islas Baleares.

El equipo de investigación advierte que el ADN mitocondrial debe interpretarse como una herramienta de diagnóstico inicial y no como un sustituto de estudios genómicos más amplios. A pesar de esta limitación, el método es sencillo y asequible, pudiendo complementar el seguimiento de las áreas protegidas. Los resultados refuerzan así la zona de protección pesquera como una medida útil para recuperar a las poblaciones explotadas y orientar una gestión más sostenible de los recursos marinos.

Este estudio se ha realizado en el marco del proyecto MARFISH (PDR2020/69–ITS 2017-006), financiado por el Gobierno de las Islas Baleares a través del Fondo del Impuesto de Turismo Sostenible; el proyecto SosMed, financiado por la Unión Europea mediante los fondos Next Generation y desarrollado a través de un convenio entre el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y el CSIC, a través del IEO; y las ayudas para la formación de personal investigador, financiadas por la Comunidad Autónoma de las Islas Baleares.

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