- Publicidad -spot_img
PUBLICIDAD

También te puede interesar

Jordi Sánchez : “Debemos avanzar hacia una economía azul regenerativa que contribuya a recuperar los ecosistemas marinos” 

Jordi Sánchez, en esta entrevista, aborda el papel de la innovación, la tecnología y la colaboración para proteger y restaurar los ecosistemas marinos. 

P. SUBMON trabaja en la conservación de la biodiversidad marina y en la búsqueda de soluciones para compatibilizar la actividad humana con la protección de los océanos. ¿Cuáles consideran que son actualmente los principales retos ambientales a los que se enfrenta el medio marino?

R. Uno de los principales retos a los que nos enfrentamos es el cambio global, que abarca transformaciones a gran escala derivadas de la actividad humana. Entre ellas, una de las más importantes es el cambio climático, pero no es la única. El aumento de la temperatura del mar, la acidificación, la pérdida de biodiversidad y otros cambios ambientales están alterando la distribución de las especies, sus ciclos biológicos y el funcionamiento de los ecosistemas. Estos cambios pueden favorecer también la expansión y el establecimiento de especies exóticas invasoras. A ello se suman la pérdida y degradación de los hábitats marinos y la contaminación, tanto química y acústica como por residuos, con especial relevancia de los plásticos y microplásticos. Además, muchos de estos cambios se están produciendo a una velocidad muy elevada y a escalas espaciales muy amplias, dificultando la capacidad de respuesta y adaptación de los ecosistemas.

Otro de los grandes retos es la sobreexplotación de los recursos marinos, especialmente de los recursos pesqueros, junto con la creciente presión derivada de los diferentes usos y actividades que se desarrollan en el medio marino, desde las actividades extractivas y la explotación de hidrocarburos hasta el desarrollo de las energías renovables marinas.

Por último, el crecimiento del tráfico marítimo a nivel mundial y de las infraestructuras asociadas, supone una presión cada vez mayor sobre el medio marino. Esto implica no solo un aumento del ruido submarino, del riesgo de colisiones con grandes cetáceos y de la contaminación, sino también una mayor ocupación y transformación del espacio marino y costero, con la consiguiente pérdida o alteración de hábitats.

Ante este escenario, es fundamental garantizar una protección efectiva y adaptativa del medio marino. Más allá de aumentar la superficie protegida, es necesario que las áreas marinas protegidas y sus medidas de gestión puedan responder a los cambios que experimentan los ecosistemas. Además, disponer de planes de gestión no garantiza por sí solo una protección efectiva: su aplicación requiere recursos suficientes para su implementación, seguimiento y vigilancia, que no siempre están disponibles.

En conjunto, uno de los grandes desafíos es abordar no solo cada una de estas presiones de forma individual, sino también sus efectos acumulativos sobre los ecosistemas marinos, avanzando hacia una gestión que permita compatibilizar los distintos usos del océano con la conservación de la biodiversidad.

P. La actividad portuaria y marítima tiene un impacto directo sobre los ecosistemas. ¿Qué medidas consideran prioritarias para conseguir que el crecimiento de estas actividades sea compatible con la conservación del medio marino?

R. Una medida prioritaria es incorporar la biodiversidad y el funcionamiento de los ecosistemas desde las fases iniciales de planificación de cualquier actividad o infraestructura. No se trata únicamente de minimizar o compensar los impactos una vez que se han producido, sino de anticiparlos y evitarlos siempre que sea posible.

En este sentido, es importante replantear la necesidad de nuevas infraestructuras o ampliaciones portuarias antes de llevarlas a cabo, valorando si responden a una necesidad real y si existen alternativas basadas en la optimización, adaptación o mejora de las infraestructuras ya existentes. En un contexto de creciente presión sobre el litoral, el crecimiento de la actividad portuaria no debería implicar necesariamente una mayor ocupación y transformación del medio marino.

Paralelamente, debemos avanzar hacia un modelo de economía azul más sostenible y regenerativa, incorporando soluciones basadas en la naturaleza y medidas como la descarbonización y la mejora de la eficiencia energética, una adecuada gestión de los residuos, la prevención y seguimiento de especies exóticas invasoras, la reducción del ruido submarino y la protección de hábitats y especies sensibles.

También es importante integrar la cultura oceánica en la propia actividad portuaria y fomentar la colaboración con entidades y comunidades locales, de manera que los puertos puedan contribuir activamente a la conservación y al conocimiento del medio marino.

P. ¿Qué papel están jugando actualmente la innovación y la tecnología en la monitorización, conservación y recuperación de los ecosistemas marinos?

R. La innovación y la tecnología están transformando nuestra capacidad para observar, comprender y gestionar el medio marino. Herramientas como la acústica submarina, los sensores ambientales, la teledetección, los vehículos autónomos o los sistemas de monitorización mediante imagen permiten obtener información durante periodos más largos, en áreas más extensas y, en algunos casos, prácticamente en tiempo real.

A ello se suma la inteligencia artificial y el desarrollo de nuevas técnicas de análisis de datos, que permiten procesar grandes volúmenes de información que hasta hace pocos años eran difíciles de analizar. Esto abre nuevas posibilidades para detectar cambios en los ecosistemas, monitorizar especies y hábitats y evaluar de forma más eficaz las medidas de conservación y restauración.

Pero la tecnología es una herramienta, no un fin en sí misma. La innovación debe ir acompañada de conocimiento y seguimiento científico, evaluación de los resultados y, sobre todo, de la capacidad de transformar la información obtenida en medidas concretas de gestión y conservación de los ecosistemas marinos.

P. SUBMON participa en proyectos relacionados con la biodiversidad y la restauración de ecosistemas. ¿Podrían destacar alguna iniciativa o proyecto que consideren especialmente representativo del trabajo que desarrollan?

R. Uno de los ejemplos más representativos es RESILIA, un proyecto centrado en la conservación de la Posidonia oceanica en espacios Natura 2000 de la costa norte de Cataluña. El proyecto aborda una presión muy concreta, el impacto del fondeo de embarcaciones, y combina conocimiento científico, gestión y participación ciudadana para mejorar la conservación de estos hábitats. Es un buen ejemplo del trabajo de SUBMON en el ámbito local, conectando el conocimiento y la acción sobre el terreno con la implicación de los diferentes actores del territorio.

Otro ejemplo es COSTtERA, un proyecto que lleva más de 6 años contribuyendo a que la pesca de arrastre sea compatible con la conservación a largo plazo de la población de delfín mular, mejorando el conocimiento sobre las interacciones entre la especie y esta actividad. Trabajamos estrechamente con el sector pesquero e incorporamos tecnologías innovadoras, como cámaras submarinas y herramientas de inteligencia artificial, que permiten estudiar el comportamiento de los delfines y analizar de forma automatizada grandes volúmenes de imágenes.

A escala europea, destaca OCEAN CITIZEN, un proyecto de restauración marina en el que participa SUBMON. El proyecto busca desarrollar protocolos de restauración de ecosistemas y hábitats submarinos que sean replicables e integren aspectos ecológicos, sociales y económicos. Es especialmente representativo de la forma de trabajar de SUBMON, ya que combina conocimiento científico, restauración, innovación y participación de las comunidades locales, con un fuerte componente de cultura oceánica en la comunicación y la divulgación.

También en el ámbito europeo participamos en BiodivOcean, un proyecto que acerca el conocimiento de la biodiversidad marina a las aulas de una forma práctica y participativa. A través de una metodología basada en discos que se sumergen durante meses en distintos entornos marinos y que posteriormente se llevan al aula, el alumnado puede observar y estudiar los organismos que los han colonizado. Se trata de una herramienta flexible y adaptable a diferentes edades y niveles educativos, que convierte los puertos y otros espacios marinos en lugares de aprendizaje y conexión con el medio.

P. La contaminación marina continúa siendo uno de los grandes desafíos ambientales. ¿En qué ámbitos consideran que todavía existe mayor margen de mejora por parte de empresas, administraciones y sociedad?

R. Probablemente el principal margen de mejora está en pasar de una lógica reactiva a una lógica proactiva. Una vez que un residuo llega al mar, recuperarlo puede ser muy difícil y, en algunos casos, imposible. Por eso se debe actuar sobre el origen del problema.

  • A nivel de empresa, esto implica avanzar en la prevención de residuos, la eficiencia en el uso de recursos, la correcta gestión de materiales y la reducción de emisiones y vertidos. 
  • A nivel de administración, es fundamental contar con una planificación y unos sistemas de seguimiento eficaces, además de facilitar la coordinación entre las diferentes competencias que afectan al medio marino.
  • A nivel de la sociedad en general, se tienen que tener en cuenta tanto los hábitos de consumo como el uso que se hace del litoral y del océano. La educación ambiental y la cultura oceánica son herramientas fundamentales para generar cambios duraderos.

Es importante recordar que buena parte de los problemas de contaminación marina (en el caso de la contaminación por plásticos, alrededor del 80 %) tienen su origen en tierra. Por tanto, proteger el mar requiere actuar en tierra y no únicamente en el momento en que la contaminación llega al océano.

P. La transición hacia una economía más sostenible requiere la colaboración entre empresas, administraciones, centros de conocimiento y organizaciones ambientales. ¿Cómo de importante es esta colaboración para conseguir resultados reales?

R. La colaboración es esencial para conseguir resultados reales y duraderos. Desde SUBMON trabajamos precisamente en esta conexión entre ciencia, administraciones, empresas y sociedad. Consideramos especialmente importante involucrar desde el inicio a quienes desarrollan su actividad directamente en el medio marino, porque las soluciones deben ser científicamente rigurosas, pero también viables, aplicables y adaptadas a la realidad de cada territorio y sector. Un ejemplo de ello es BlueConnect, un proyecto orientado a mejorar la gestión de las Áreas Marinas Protegidas en el que participa SUBMON. Las acciones de conservación de hábitats y especies se articulan mediante la colaboración entre administraciones, comunidad local, sector pesquero, operadores de turismo y entidades de conservación. Este tipo de modelos permiten avanzar hacia una gestión más participativa y conectada con el territorio.

En el ámbito portuario y marítimo podemos ir incluso un paso más allá. La transición hacia una economía azul sostenible en este ámbito implica reducir los impactos ambientales de estas actividades, mejorando la eficiencia en el uso de los recursos y la protección del medio marino. Sin embargo, avanzar hacia una economía azul regenerativa plantea un objetivo adicional: que los puertos no solo reduzcan su impacto, sino que se conviertan en agentes activos de la recuperación de los ecosistemas marinos, contribuyendo a restaurar hábitats, mejorar la biodiversidad e implicar a la sociedad en su conservación.

P. En los últimos años ha aumentado la preocupación por cuestiones como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la degradación de los océanos. ¿Qué avances consideran que se han producido y qué asignaturas siguen pendientes?

R. Uno de los avances más importantes es que la conservación marina ha ganado visibilidad y relevancia, y existe una mayor comprensión de la estrecha relación entre la salud de los océanos, el cambio climático, la biodiversidad y nuestro propio bienestar. También hemos avanzado mucho en conocimiento científico, capacidad de monitorización y desarrollo de herramientas para la conservación y restauración.

Sin embargo, sigue existiendo una distancia importante entre el conocimiento disponible y su aplicación efectiva. Sabemos mucho más sobre las presiones que afectan al medio marino y sobre cómo actuar frente a ellas, pero todavía es necesario trasladar ese conocimiento a medidas concretas, dotarlas de recursos y garantizar su continuidad en el tiempo. Esto implica, entre otras cosas, mejorar la gestión efectiva de los espacios protegidos y reducir las presiones sobre los hábitats y especies más sensibles.

Otra asignatura pendiente es la restauración a una escala suficiente. Restaurar es importante, pero siempre será preferible evitar la degradación. Por eso debemos mantener como prioridad la prevención y la reducción de las presiones, utilizando la restauración como una herramienta complementaria cuando los hábitats ya han sido degradados.

P. De cara a los próximos años, ¿qué cambios consideran imprescindibles para avanzar hacia un modelo de actividad marítima más sostenible y qué papel debería asumir SUBMON en esta transformación?

R. Necesitamos avanzar hacia una visión del océano como un sistema del que formamos parte, cuyos recursos y servicios ecosistémicos tienen límites. En el ámbito marítimo, será especialmente importante acelerar la transición energética, reducir la contaminación y el ruido submarino, prevenir la introducción de especies exóticas invasoras y mejorar la planificación de los diferentes usos del espacio marino. Pero debemos ir un paso más allá y avanzar hacia un modelo de economía azul regenerativa, en el que las actividades económicas no solo reduzcan su impacto, sino que también contribuyan, siempre que sea posible, a la recuperación de los ecosistemas, los hábitats y la biodiversidad marina. Para ello también necesitamos una sociedad más consciente de la importancia del océano y de las consecuencias que nuestras decisiones tienen sobre él.

En este contexto, SUBMON seguirá actuando como un puente entre el conocimiento y la acción: aportando conocimiento científico y técnico, desarrollando y probando soluciones innovadoras de conservación y restauración, facilitando la colaboración entre administraciones, empresas, comunidad científica y sociedad, y acercando el conocimiento sobre el océano a la ciudadanía. En definitiva, contribuyendo a que la conservación de la biodiversidad forme parte de la manera en que planificamos, gestionamos y utilizamos el medio marino.

PUBLICIDAD

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí
Captcha verification failed!
La puntuación de usuario de captcha falló. ¡por favor contáctenos!
- Publicidad -spot_img
- Publicidad -spot_img
PUBLICIDAD