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Persiguiendo el ‘Granuja’

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Éste es el título que Josep María Castellví ha dado a su documental sobre la investigación histórica y arqueológica, centrado en el reconocimiento, el trabajo subacuático y al rastreo documental de dos aviones perdidos en el mar litoral español en dos guerras distintas: la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial. El primero aterrizó con violencia en una playa del litoral tarraconense, en L’Hospitalet de L’Infant; el otro, a 12 millas de la costa de la provincia. La dirección, realización, guión e imagen son fruto del trabajo de Castellví, y la investigación, de Castellví y Alfonso Tejero.

Como bien sabemos, la Convención de la UNESCO de 2001 para la Salvaguarda del Patrimonio Arqueológico Subacuático, caracteriza que éste está compuesto por elementos sumergidos o que han estado sumergidos durante más de cien años, pero también engloba aquellas naves y aeronaves hundidas en eventos bélicos relevantes para la Historia de la Humanidad.

El proyecto de investigación que recoge el documental se enmarca en uno mayor, de identificación de pecios contemporáneos (ya sea naves o aeronaves) del litoral tarraconense, desarrollado y ejecutado desde la década de 1990 por Josep María, historiador naval y documentalista subacuático, con la colaboración de diversos investigadores, buceadores e instituciones.

‘Tarragona era un importante enclave portuario desde el que el ejército republicano podía proveerse y proveer a otros puertos y comarcas interiores tanto de suministros básicos como de armamento. Al margen de los bombardeos indiscriminados sobre la ciudad, que provocaron doscientas treinta víctimas mortales y más de cuatrocientos heridos, la zona portuaria fue uno de los objetivos prioritarios de los facciosos. Las incursiones aéreas fueron ejecutadas, principalmente, por la Legión Condor alemana y la Aviación Legionaria Italiana con uso de bombarderos convencionales que disponían de diversos aeródromos como base, a los que se añadían de nuevos con la captura de nuevo territorio y, también, con hidroaviones provenientes de la base aérea que los alemanes tenían en Pollensa, en la isla de Mallorca.

En uno de aquellos bombardeos sobre la ciudad de Tarragona, el día 4 de enero de 1939, los cazas de la defensa aérea republicana alcanzaron a un avión atacante, un Heinkel 111 B2, alemán. Los escasos testigos dijeron haber visto su huida, seriamente dañado y humeante, yendo hacia el sur, perdiéndose de vista más allá del cabo de Salou en dirección a la desembocadura del río Ebro al otro lado del cual estaban las tropas franquistas. Desde tierra se decía que había sido derribado por la defensa antiaérea, cosa muy improbable dada la poca efectividad de los escasos medios disponibles en la ciudad y por el hecho que los bombarderos actuaban a tres mil metros de altura, muy por encima de las posibilidades de las ametralladoras y cañones de la defensa terrestre. Los pilotos republicanos reivindicaron su victoria, pero en aquellos momentos poco más pudo saberse y comunicarse del suceso más que unas triunfales líneas en la prensa. La entrada de los franquistas en la ciudad, once días después, supuso la diáspora para muchos de sus habitantes y el suceso del avión quedó en el olvido, solo registrado en los herméticos archivos militares y en algunas imprecisas notas de prensa.

En 1979, una barca de pesca de Tarragona, arrastró unos restos metálicos que estaban a doscientos setenta metros de profundidad, desde doce millas de la costa. El pecio fue depositado en un fondo de treinta metros cerca de la ciudad. Los buzos que bajaron a recuperar las redes comprobaron que se trataba de un avión. Identificado como Heinkel 111 alemán, pronto se relacionó con la pérdida del aparato desaparecido durante la Guerra Civil española y desde entonces se ha convertido en un destino de buceo muy popular en la zona, aunque ello ha supuesto la práctica desaparición de los restos identificables, estando actualmente totalmente expoliado y convertido en un montón de chatarra sin forma.

Josep María Castellví, fue invitado en 1984 a bucear en el pecio para que lo identificara, pero esto no ha sido posible hasta la segunda década de este siglo, una vez han sido localizados los registros oficiales del suceso en los archivos españoles e internacionales.

En el año 1995 se supo algo extraordinario. Tras setenta años olvidadas, fueron halladas tres cajas que contenían, casi, cuatro mil negativos de la Guerra Civil Española. Los autores eran los reconocidos corresponsales de guerra, Gerda Taro, Endre Friedmann, alias Robert Capa y David Seymour. Los clichés habían sido abandonados por Capa, en París, en octubre de 1939, escapando de la posible llegada del ejército nazi. Recuperados después de siete décadas, en el año 2007, llegaron al International Center of Photography de Nueva York, cuando se hizo público el hallazgo. En uno de los reportajes del mismo Robert Capa, se ve un avión desmontado a piezas, exhibido públicamente en los Jardines de Gracia de Barcelona. Está fechado el 15 de febrero de 1939, cinco días antes de que la ciudad fuera ocupada por el ejército franquista. Las imágenes muestran a gente contemplando los restos de un bombardero Heinkel 111 alemán. El despliegue estaba promovido por las autoridades republicanas a fin de levantar la moral de la población, frente a la derrota inminente. Y una de las fotografías reveló un dato sorprendente que hizo cuestionar que el avión que está bajo el mar, en Tarragona, fuera de el del suceso de la Guerra Civil Española’. (Castellví, 2023).

Partiendo de la Convención sobre los Derechos del Mar de 1982 y a la citada de 2001, la potestad de las aeronaves pertenecería al Estado Alemán, con las particularidades legales que el Derecho pueda aplicar sobre el avión caído en la costa, captura de guerra. Pero para conocer bien la historia, les invito a ver el documental.

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