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Los movimientos de los organismos marinos impulsan funciones clave como la productividad, el reciclado de nutrientes y el almacenamiento de carbono               

 El IEO lidera un estudio internacional que analiza cómo las migraciones y la dispersión de organismos conectan hábitats y ecosistemas separados por distancias que van desde unos pocos metros hasta miles de kilómetros.

El trabajo señala la necesidad de incorporar estas conexiones ecológicas a la planificación y gestión marina para mejorar la conservación frente al cambio global.

La vida en el océano no funciona en compartimentos aislados. La conectividad funcional marina comprende tanto el transporte pasivo de organismos, por ejemplo, de huevos y larvas a través de las corrientes, como sus movimientos activos mediante migraciones, desplazamientos para alimentarse o cambios de hábitat. Estos movimientos generan intercambios de materia, energía y genes y conectan ecosistemas a diferentes escalas espaciales y temporales.

Un nuevo trabajo científico liderado por personal investigador del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) analiza el papel de esta conectividad funcional marina en el funcionamiento de los ecosistemas y señala la necesidad de tenerla en cuenta en las estrategias de conservación y gestión del océano.

El estudio, publicado en la revista Aquatic Conservation: Marine and Freshwater Ecosystems, reúne evidencias procedentes de distintas disciplinas para analizar cómo la dispersión y los movimientos de los organismos contribuyen a cinco funciones ecológicas fundamentales: la productividad biológica, la transferencia de energía, el reciclado de nutrientes, la exportación y secuestro de carbono y la formación y mantenimiento de hábitats.

Un océano conectado también en profundidad

Uno de los ejemplos más relevantes son las migraciones verticales que realizan diariamente enormes cantidades de zooplancton y peces. Muchos de estos organismos se alimentan cerca de la superficie durante la noche y descienden durante el día, transportando carbono hacia capas profundas del océano a través de su respiración, excreción y otros procesos metabólicos.

Estos desplazamientos forman parte de la denominada bomba biológica de carbono, mediante la que el carbono captado en las capas superficiales puede ser transferido y almacenado en las profundidades oceánicas durante largos periodos.

Otros procesos tienen efectos similares sobre el funcionamiento de los ecosistemas. La dispersión de larvas permite conectar poblaciones y colonizar nuevos hábitats, mientras que las migraciones, la bioturbación o el transporte de excrementos, gametos y restos de organismos redistribuyen nutrientes y energía entre la columna de agua, los fondos marinos y diferentes ecosistemas.

De las funciones ecológicas a los beneficios para la sociedad

El trabajo analiza también la relación entre la conectividad funcional marina y los servicios ecosistémicos, un concepto que engloba los distintos beneficios que los ecosistemas proporcionan a las sociedades humanas.

Los resultados muestran conexiones especialmente relevantes con aspectos como la provisión de alimentos, la formación y mantenimiento de hábitats o la conservación de opciones y recursos para las generaciones futuras.

Esta perspectiva implica que los efectos de una alteración ambiental pueden propagarse mucho más allá del lugar donde se producen. Cambios en las corrientes, en las rutas migratorias o en la dispersión de los organismos pueden modificar los intercambios entre ecosistemas y desencadenar efectos sobre procesos ecológicos que tienen lugar a decenas, cientos o incluso miles de kilómetros.

El cambio climático y otras presiones humanas pueden modificar estas conexiones. Alteraciones de la circulación oceánica, el aumento de la estratificación de las aguas o cambios en las condiciones ambientales pueden afectar a la dispersión de larvas, las migraciones o los intercambios entre hábitats.

Conservar lugares, pero también sus conexiones

Una de las principales implicaciones del estudio es que la conservación marina no debería considerar únicamente el estado de especies, hábitats o espacios concretos, sino también los procesos que los mantienen conectados.

Las áreas marinas protegidas, por ejemplo, forman parte de sistemas ecológicos más amplios y pueden depender de procesos que ocurren fuera de sus límites, como la llegada de larvas, los desplazamientos de especies o los flujos de nutrientes y materia orgánica.

Los autores plantean por ello la necesidad de incorporar de manera más explícita la conectividad funcional marina a la planificación espacial y a la gestión del medio marino, teniendo en cuenta las distintas escalas espaciales y temporales en las que se producen estos procesos.

El nuevo estudio continúa una línea de trabajo desarrollada por un equipo científico internacional en el que participa el IEO-CSIC. A comienzos de 2026, una revisión publicada en Biological Reviews propuso un marco conceptual unificado para estudiar la conectividad funcional marina y facilitar la integración de conocimientos procedentes de disciplinas como la oceanografía, la ecología, la genética, la fisiología y la conservación.

“Comprender cómo se conectan las distintas partes del océano permite, en definitiva, pasar de una visión basada en espacios aislados a otra en la que mares y océanos se entienden como una red dinámica de hábitats, organismos y procesos interdependientes”, concluyen los autores.

Este trabajo ha sido financiado por la Red Europea de Investigación Marina EuroMarine y por la Agencia Estatal de Investigación del MICIU (IJC2020-043235-I; PID2019-110282RA-I00), entre otros.

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